Efecto de mera exposición
No siempre nos gusta lo que vemos. A veces nos gusta porque lo vemos.
Es un efecto muy replicado desde los años 60, confirmado por metaanálisis. Tiene límites: con demasiadas repeticiones puede aparecer el aburrimiento.
¿Te suena?
La primera vez que escuchaste esa canción del verano te pareció horrible. A la décima, te descubres tarareándola. No ha cambiado la canción: has cambiado tú.
Qué es
El efecto de mera exposición consiste en que, cuanto más veces nos encontramos con algo (una cara, una palabra, un logo, una melodía), más tiende a gustarnos, aunque no pase nada más. Basta con la repetición.
Una explicación habitual es que lo familiar nos resulta más fácil de procesar y, desde el punto de vista evolutivo, lo que ya hemos visto sin que nos haya hecho daño es probablemente seguro.
El experimento
En 1968, el psicólogo Robert Zajonc mostró a participantes palabras inventadas que parecían turcas y caracteres parecidos a los chinos, algunos una vez y otros hasta 25 veces.1 Después les preguntó qué creían que significaban. Cuanto más habían visto una palabra, más positivo pensaban que era su significado.
En 1992, un estudio lo llevó al aula.3 Cuatro mujeres de aspecto parecido asistieron a una clase universitaria un número distinto de veces (0, 5, 10 o 15), sin hablar con nadie. Al final del curso, los estudiantes vieron sus fotos: cuanto más había asistido cada una, más atractiva y agradable les parecía, aunque casi nadie recordaba haberla visto.
Qué sabemos hoy
Un metaanálisis de Robert Bornstein revisó dos décadas de estudios y confirmó que el efecto es sólido.2 También encontró algo curioso: el efecto es especialmente fuerte cuando los estímulos se muestran tan rápido que ni siquiera somos conscientes de haberlos visto.
Eso sí, tiene límites: con demasiadas repeticiones el efecto deja de crecer y puede aparecer el aburrimiento.
Mito vs. realidad
Mito "Si insistes lo suficiente, acabarás gustándole a cualquiera."
Realidad La familiaridad suma, pero no hace milagros. El efecto es moderado, tiene un techo y no sustituye el respeto ni el interés mutuo.
En tu día a día
- Publicidad y redes: ver un anuncio o una cara muchas veces puede hacer que te guste más, aunque no lo decidas conscientemente.
- Dale una segunda oportunidad a una canción, una comida o una persona que al principio no te convenció.
- Crear vínculos lleva tiempo: coincidir a menudo en los mismos sitios ayuda a que surjan amistades.
Fuentes
- Zajonc, R. B. (1968). Attitudinal effects of mere exposure. Journal of Personality and Social Psychology, 9(2, Pt. 2), 1–27. doi.org/10.1037/h0025848
- Bornstein, R. F. (1989). Exposure and affect: Overview and meta-analysis of research, 1968–1987. Psychological Bulletin, 106(2), 265–289. doi.org/10.1037/0033-2909.106.2.265
- Moreland, R. L., y Beach, S. R. (1992). Exposure effects in the classroom: The development of affinity among students. Journal of Experimental Social Psychology, 28(3), 255–276. doi.org/10.1016/0022-1031(92)90055-O